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Discurso de Presidente Mary Sue Coleman en el American Council of Education

17 de febrero, 2003

Gracias.

Mañana, la Universidad de Michigan presentará sus documentos (briefs) en las dos acciones legales ante la Corte Suprema. Se unirán a nosotros más de 300 organizaciones que llenarán más de 60 documentos de amicus, en apoyo de la Universidad. Esto podría convertirse en el mayor número de documentos jamás presentado ante la Corte en un caso único.

Es un flujo sin precedentes que habla enérgicamente sobre la importancia y el impacto a largo plazo de esta inminente decisión. Me alienta ver un apoyo tan abrumador de los sectores más importantes de nuestra sociedad, incluyendo la comunidad corporativa y las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

Estamos en una encrucijada crítica en la vida estadounidense. Hoy quiero explorar qué está en juego no sólo para Michigan sino también para toda la educación superior, y qué está en juego para los Estados Unidos si revertimos un principio que ha funcionado bien por más de 25 años.

El debate sobre la histórica decisión de 1978 de la Corte Suprema caratulada The University of California Board of Regents vs. Bakke es un debate acerca del rumbo futuro de este país. La decisión Bakke ha servido como una guía justa y eficaz para ayudar a los campus universitarios de esta nación a reflejar la diversidad de la sociedad estadounidense; pero su impacto ha alcanzado más allá de las aulas para repercutir en toda la nación.

Antes de continuar, permítanme agradecer al American Council of Education y a su presidente David Ward en particular, por invitarme a hacer uso de la palabra ante ustedes esta tarde y por presentar un documento amicus en apoyo de nuestras políticas en nombre de más de 50 asociaciones de educación superior en todo el país. Es un privilegio unirme a Augie, Britt y Lee.

Y pese a que muchos que han presentados estos documentos de amicus no pueden estar con nosotros debido a la tormenta de nieve, quiero darles una idea de quiénes son. Representan universidades, facultades y más de 13.000 estudiantes de derecho en todo el país; más de 60 corporaciones 500-Fortune; la central sindical AFL-CIO; la UAW y la NEA; la American Bar Association y la Association of American Medical Colleges; docenas de organizaciones de derechos civiles y religiosas; 16 estados; varios miembros del Congreso; y más de 2 docenas de militares de alto rango y oficiales de la defensa civil.

Obviamente, hay un amplio y profundo consenso entre las mayores instituciones de esta nación: nuestra capacidad de ser fuertes descansa en nuestra capacidad de promover la diversidad.

Quiero hablar un poco sobre los particulares del caso que presentaremos ante la Corte Suprema en defensa de nuestras políticas de admisiones tanto en el nivel de cursos inferiores o undergraduate, como en la Facultad de Derecho o Law School.

Nuestros argumentos comienzan con Bakke. Esto es lo que dice la decisión: cuotas y reservas (“set asides”) son ilegales, pero la diversidad en una clase universitaria es tan “imperativa” que la raza puede ser considerada como uno de los muchos factores en un proceso de revisión competitiva. Nuestros documentos exponen los hechos sobre las políticas de la Universidad de Michigan tanto en los niveles de cursos inferiores como en la Facultad de Derecho, y demuestran que estas políticas cumplen con los lineamientos establecidos por la Corte Suprema en 1978.

  • Cada estudiante compite por cada vacante: no hay sistemas separados para solicitantes de las mayorías y de las minorías,
  • No tenemos, ni nunca hemos tenido, cuotas u “objetivos numéricos”,
  • Cada estudiante es considerado individualmente y las calificaciones de cada solicitante son ponderadas en forma justa y competitiva.

Debido a que somos una institución altamente selectiva, consideramos el rendimiento académico de la manera más enérgica en nuestras decisiones de admisión. Le otorgamos el mayor peso al promedio de puntos de calificación de grados, ya que sentimos que es el mejor indicador del rendimiento académico futuro y ademas también vemos los casos de la escuela secundaria, dificultad del currículum y rendimiento en pruebas normalizadas.

Últimamente hemos escuchado algunas caracterizaciones de nuestro sistema para los cursos de niveles inferiores o undergraduate. Destacan lo que podría parecer una ponderación relativamente baja para los puntajes del SAT en comparación a otros factores.

A nuestro director de admisiones, Ted Spencer, le gusta decir: “le damos a los estudiantes mucho más crédito por lo que han hecho en cuatro años que por lo que hagan en cuatro horas.”

Lo que más importa son las notas (grados académicos).

Además de lo académico consideramos una variedad de factores incluyendo la raza y el origen étnico, estatus socioeconómico, conexiones alumni, geografía, capacidad atlética y talentos especiales.

No nos equivoquemos. Cada estudiante que es admitido en la Universidad de Michigan se encuentra plenamente calificado y se espera completamente que triunfe. Tenemos, a la vez, la bendición y el desafío de recibir más solicitantes calificados que los que podemos aceptar. En los niveles inferiores recibimos más de 25.000 solicitudes para unas 5.000 vacantes. En la Facultad de Derecho fueron más de 5.000 solicitudes para 350 vacantes. De modo que nosotros tenemos el difícil trabajo de elegir entre todos aquellos estudiantes calificados, armando una clase que sea “vibrante” y posea la riqueza de la diversidad en todas sus formas.

Hombres y mujeres…

Razas y orígenes étnicos...

Ingenieros y artistas…

Gente joven que viene de ambientes económicamente en desventaja…

Aquellos que son los primeros en sus familias en asistir a la universidad y cuyos tatarabuelos cantan orgullosamente el alma mater…

Estudiantes de Detroit y de la alta península rural de Michigan…

Aquellos de la Gran Manzana y de la Big Easy, de la Ciudad de los Vientos y de la Ciudad de Los Angeles…

Y aquellos que demuestran un destacado talento o cuyas solicitudes apuntan a una promesa especial.

Sí, nosotros consideramos la raza al elegir nuestras clases iniciales cada año, y también consideramos una variedad de otros factores. Nuestras políticas son moderadas, justas y cuidadosamente consideradas, y han sido elaboradas para alcanzar la diversidad que creemos que es crítica sin poner en juego nuestros elevados estándares académicos o crear desventaja por otros importantes factores. Cada uno de los estudiantes admitidos en la Universidad de Michigan es inteligente y capaz, y aporta experiencias especiales de vida para crear un ambiente dinámico de aprendizaje que es uno de los mejores en el mundo.

Casi todos en esta sala son educadores y muchos de ustedes han pasado años enseñando a los estudiantes de los niveles inferiores y de las facultades. Lo que voy a decir es algo que hace rato sabemos que es cierto debido a nuestra propia experiencia. Ahora hemos desarrollado un impresionante récord de investigación de ciencias sociales que demuestra los positivos resultados educativos vinculados a ambientes con una diversidad de clases de personas.

Los estudiantes aprenden mejor en una clase diversa. Son más analíticos, y participan más. El ambiente de enseñanza es mucho más “ilustrado” Los debates son más vivaces y más representativos de los problemas del mundo real. Estos estudiantes se encuentran más abiertos a perspectivas que difieren de las propias y están mejor preparados para ser participantes activos en nuestra sociedad.

La mayoría de la gente reconoce el valor de tener estudiantes de diferentes razas y orígenes étnicos que vivan y aprendan juntos.

Sin embargo, en lo que nuestro país se encuentra dividido es en cómo obtener la mejor diversidad en la educación.

El corazón del debate es claro. La Corte Suprema considerará si la raza puede ser alguna vez tomada en cuenta en el proceso de admisión a nivel universitario. Los demandantes en estos casos oponen las dos políticas de admisión utilizadas en los niveles inferiores y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan, a políticas con características muy similares a las utilizadas por la mayoría de las otras universidades en los Estados Unidos. Fundamentalmente, los demandantes se oponen a cualquier consideración de raza en las decisiones de admisiones en la universidad.

Es la decisión Bakke en sí misma la que está siendo legalmente atacada.

Si la corte declarara no válida la decisión de 1978, creo que los efectos serían devastadores para la educación pública.

Y debido a que el Título VI de la Ley de Derechos Civiles extiende los mismos estándares para todas las instituciones que reciben fondos federales. En este caso, la decisión pondrá juntas a universidades privadas y como también públicas. Algunas de las más selectivas instituciones privadas de nuestro país —Harvard, el MIT, Stanford, Columbia, Carnegie Mellon, Rice y otras—están presentando documentos individuales porque ellos creen, como nosotros creemos, que revirtiendo el camino trazado en Bakke los forzaría a elegir entre la preeminencia académica y una re-segregación sustancial.

Considérese esto: por 25 años el caso Bakke ha funcionado bien al posibilitar a las universidades del país —especialmente a las más selectivas de ellas, como la Universidad de Michigan— constituir un cuerpo estudiantil diverso así como también calificado. Con el caso Bakke, hemos alcanzado la diversidad sin sacrificar estándares académicos. De hecho, creemos que el principio subyacente de la decisión de Bakke ha llegado a ser una parte importante de nuestra cultura nacional.

Un cambio en la dirección contraria representaría un cambio en la ley existente y en la política federal, de la cual casi todos nosotros en la educación superior hemos dependido para la labor de elaborar estándares de admisión, políticas de ayuda financiera y otros programas de difusión y retención basados en la raza.

Sin Bakke, temo que las universidades más selectivas en la mayor parte del país vuelvan a re-segregarse. Las instituciones universitarias profesionales más altamente selectivas perderán décadas de progreso en educar a rangos más racialmente diversos de médicos, abogados y CEOs. Muchos programas de ayuda financiera y becas podrían dejar de existir, como también los mentores, la difusión y los programas de extensión académica de gran beneficio para nuestros estudiantes.

Todos estos efectos en cadena deben ser vistos contra un telón de fondo de una sociedad aún profundamente dividida por temas de raza. Nuestras ciudades y nuestros vecindarios están más segregados que antes. Muchos estudiantes que vienen a nuestra universidad nunca han tenido interacciones significativas con personas de una raza diferente.

Hay una cosa muy importante en la balanza, aquí y ahora.

El presidente Bush sugirió semanas atrás que la educación superior debe crear las llamadas “alternativas de raza neutral” tal es el “plan porcentual” implementado en Texas. Pero yo creo que no hay alternativas viables de “raza neutral” que podrían funcionar en Michigan, o en muchas de nuestras instituciones, en este momento.

Los planes de porcentajes adoptados en Texas, Florida y California no son una panacea. Hay que tener en mente que fueron adoptados a punta de espada, con el fin de revertir la dramática declinación de la diversidad en las aulas luego de la pérdida —o de la pérdida anticipada— de las políticas de acción afirmativa en aquellos estados.

Recientes estudios del Harvard Civil Rights Project informan que esos sistemas adolecen de ciertas fallas.

El aspecto más problemático es que ellos se basan en un sistema K-12 segregado. No nos atrevemos, y no debemos, crear una política pública que funciona solamente si nuestro sistema escolar nacional continua segregado.

Tampoco funcionarán sin programas dirigidos de ayuda financiera donde el ingreso u otros factores han llegado a ser simplemente un sustituto de la raza.

Ciertamente, sabemos que estos “planes porcentuales” no son “un zapato que les cabe a todos”.

No están funcionando en el nivel de graduados ni en el nivel de escuelas profesionales.

No atenderán las necesidades de las universidades que reclutan en el orden nacional,

Y no funcionarán para las instituciones universitarias autónomas que no son parte de un sistema estatal…

Si estos planes son solamente opciones, las consecuencias para la educación superior serán negativas; no neutrales. La lucha de nuestra nación por integrar las aulas no es parte de la historia antigua, sino de la realidad de nuestros días.

Y creer que podemos ignorar la raza será un pensamiento meramente voluntarista, pero no es parte de la vida real.

El sistema de educación superior de los Estados Unidos es la envidia del mundo. De hecho, la excelencia y la extensión de la educación superior es una de las grandes ventajas competitivas de los Estados Unidos en un mercado global. Esto es lo que más de 60 de las grandes compañías líderes de nuestro país que presentaron documentos amicus nos están diciendo. Compañías como General Motors. Boeing. Merck. Bank One. Microsoft. Shell Oil. American Express. Y esto es lo que otros interponientes de presentaciones amicus, como la AFL-CIO, nos están diciendo también.

Educamos a una fuerza laboral bien preparada y diversa. El país depende de ella para impulsar nuestro motor económico. Los estudiantes que aprenden en aulas diversas saben cómo llevar ese entendimiento transcultural en las industrias de los Estados Unidos. Las corporaciones que apoyan nuestra posición reclutan miles de sus empleados de la Universidad de Michigan y otras universidades principales. Tienen un interés establecido en nuestra capacidad de atraer y retener un cuerpo estudiantil calificado y rico en diversidad para que sus integrantes lleguen a ser líderes en nuestra economía global. Sus actividades principales dependen de ello.

Finalmente, quiero llamar su atención a un documento de “amigo de la Corte” como broche de oro que será presentado a la Corte Suprema mañana; un documento que toca el propio corazón de nuestra defensa nacional.

Más de dos docenas de distinguidos líderes militares y de la defensa civil —muchos de ellos generales de cuatro estrellas— pedirán a la Corte que consideren de qué forma el resultado de estos casos puede afectar la diversidad del cuerpo de oficiales de nuestra nación y, a la vez, la capacidad de los militares de proteger nuestra seguridad nacional.

Las tres academias militares de Estados Unidos tienen programas de admisión que toman en cuenta la raza, los cuales no son diferentes de aquellos que están en cuestión en los casos de la Universidad de Michigan. Y, además, todas las fuerzas militares dependen de los graduados de ROTC de nuestras universidades. De hecho, los programas ROTC producen cerca del 50 por ciento de los oficiales en servicio activo de Estados Unidos, mientras las academias militares tienen a su cargo el 25 por ciento de la generación de los cuerpos de oficiales.

Un cuerpo de oficiales diverso es esencial para el comando de nuestra tropa, que es también diversa.

Y aprendimos la lección de una manera muy dura.

Durante la era de Vietnam, tensiones raciales de vieja data en las fuerzas armadas se convirtieron una verdadera crisis racial. Los cuerpos de oficiales eran abrumadoramente blancos, pero la tropa alistada era racialmente diversa. Los oficiales no podían eficazmente confrontar los problemas ni establecer la necesaria cohesión, y esta situación desencadenó cientos de incidentes relacionados con la raza. A su vez, esto motivó una ruptura de la cadena de mandos que fue peligrosa, destructiva y que puso en peligro la capacidad de los militares para hacer correctamente su trabajo.

Hoy, los militares trabajan con ahínco para asegurar la presencia de diversidad en todo el cuerpo de oficiales. Las minorías componen aproximadamente el 40 por ciento de la tropa alistada y el 19 por ciento de todos los oficiales. Hemos dado grandes pasos, pero las diversas fuerzas están aún preocupadas acerca de la brecha en la representación entre la tropa alistada y los oficiales. Las fuerzas armadas realizan enormes esfuerzos y gastos para identificar, atraer y entrenar los mejores candidatos calificados de las minorías. El Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea, así como los marines, confían en la capacidad de tomar en cuenta a la raza en cuenta en nuestros programas ROTC y en sus academias de servicio altamente selectivas.

El caso no se trata únicamente de las políticas de admisiones universitarias. Ni es simplemente sobre asuntos importantes de derecho constitucional. Toca a cada uno de los principales sectores de nuestro país y su resultado final influirá la acción de la política pública en los Estados Unidos.

Nuestras aulas y nuestros campus universitarios.

Nuestra eficacia económica.

Nuestra fortaleza militar.

Simplemente no podemos encadenar a las principales instituciones de nuestro país en sus esfuerzos en la búsqueda de calidad y diversidad. Le estamos pidiendo a la Corte Suprema de Estados Unidos que no atrase las agujas del reloj, porque nuestro país depende de la educación y de la integración en las que nosotros, como nación, trabajamos tan duro para alcanzar lo que de muchas maneras define nuestra grandeza como sociedad.

Muchas gracias.

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